domingo 29 de enero de 2012

«Vencer no es convencer» (Unamuno)


Mi querido Tolico:
¿Posee la señora Bardem lo que debe acreditarse para que su nombre engrose el callejero sevillano? Supongo que es cuestión del color del cristal de quien deba decidirlo. En todo caso, para mí, la cuestión no es esa. Con mérito o sin él, la calle ya está rotulada y cambiarle el nombre es volver a las filias y a las fobias, caer en errores pasados o, acaso lo más penoso, entretener al respetable.

viernes 27 de enero de 2012

jueves 19 de enero de 2012

Ya no me quedan canas ni fe


lunes 16 de enero de 2012

Yo llamé a la puerta de don Manuel


Oleo procedente de www.manolopardo.es

A partir de su óbito, los medios de comunicación dedican espacio hoy a glosar la figura de don Manuel Fraga Iribarne. Para mí resulta de justicia hilvanar estas líneas.

Sucedieron los hechos entre las últimas semanas de 1975 y las primeras del año siguiente. Aquellos fueron tiempos convulsos, duros, acibarados; tiempos en los que un mundo se negaba a morir empujado por otro que había completado el tiempo de gestación; tiempos de incesante lucha callejera, de empresas que echaban el cierre, de ¡200.000 españoles en paro! Tiempos en los que el que suscribe sobrevivía solo en el rompeolas de las Españas realizando trabajitos ocasionales de estudiante. Y en estas, un amigo me sugirió enviar un SOS a don Manuel. Dudé larga y profundamente y, por fin, se lo hice llegar. En el registro del ministerio de la Gobernación, vanamente, intentaron persuadirme de que no cursara la carta. Unos días después quedaba citado telefónicamente. Don Manuel había encargado al responsable de su gabinete, el señor A., que me prestara atención y auxilio en la medida de lo posible, y lo intentó, aunque, por razones varias, ese auxilio no llegara a materializarse.

Años más tarde y ya encauzado profesionalmente, luchaba por publicar mi primer libro —¡cuán difícil resulta poner una pica en la propia tierra!— y de nuevo llamé a la puerta de don Manuel. Entonces era diputado y me recibió, me prestó atención, me animó a seguir trabajando en la línea en que venía haciéndolo y me puso en contacto con un pope de la cultura vernácula. Algún tiempo después, tras un relevo en la alcaldía, el libro fue publicado por el nuevo alcalde de mi municipio natal, socialista.

La noticia del fallecimiento de don Manuel Fraga trajo a mi memoria estas experiencias personales que, más allá de filias y fobias, guardo en la memoria con gratitud y afecto. Descanse en paz, don Manuel.