Mostrando entradas con la etiqueta Costa da Morte. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Costa da Morte. Mostrar todas las entradas

lunes, 15 de septiembre de 2014

«O Semáforo», ¡qué desvergüenza quince días después!


¡O Semáforo! ¡Qué falta de profesionalidad! ¡Qué desvergüenza! El día 31 de agosto pasado cumplimenté un formulario de reserva del que recibí de modo automático la respuesta adjunta. Desde entonces, y han pasado quince días, sigo esperando que mi solicitud de reserva sea «atendida en breve». Sin comentarios en el siglo XXI, en que ya no existen ni el tiempo ni la distancia.

domingo, 7 de julio de 2013

Galicia bajo el prisma de dos viajeros polacos

Santuario de Nosa Señora da Barca, Muxía. Fotografía de Asier Ríos.
Boiro, mi municipio natal, vive estos días sus fiestas grandes. Desde hace años, colaboro en su revista Folía; este año, con este artículo:

Resulta curioso constatar la fotografía que de Galicia realizan ilustres viajeros extranjeros cientos de años atrás: su cuidada observación, las finas descripciones, la comparación de costumbres, el bosquejo de los acontecimientos político-sociales del momento... Suelen ser fotografías escritas con sencillez, con criterio, a veces ingenuas y parcas en detalles, directas, que reflejan sus percepciones, su verdad.

Nicolás de Popielovo nació en Wrocław hacia mediados del siglo XV. Hijo de una familia polaca noble y rica, era curioso por naturaleza, culto, inteligente y aventurero, y, quedándosele pequeña su Breslau natal y aun Polonia, recorrió Europa primero (Inglaterra, Portugal, España, Francia y Alemania) y, después, Oriente, donde le aguardaba la negra sombra en Alejandría.
A propósito de nuestra tierra, escribe: Llegamos a Sant Iago la víspera de Santa María Magdalena [julio de 1484], en la ciudad de Compostela, a mil millas [contadas desde las costas de Inglaterra]. Esta ciudad se halla en Galicia.
Activo, al día siguiente se dirige a caballo a Muxía, y así relata lo que ve: ... donde he visto un barco destrozado, hecho de pura piedra, con un mástil y una vela colgada, ambos de piedra. El mástil tendrá la altura de tres hombres, y su volumen tres hombres apenas podrían abrazarlo. Sin embargo, yo y otros pudimos mover esta piedra con una mano, y esto parece un gran milagro.
De aquí, viaja a Finis Terrae (más adelante ya no hay tierra, escribe) y consigna que en su iglesia se venera un brazo de San Guillermo.
Vuelve a Compostela, de cuya catedral relata las reliquias que le muestran, de extrema veneración en aquellos tiempos (Gelmírez había perpetrado el pío latrocinio unos siglos atrás en Braga). Se desplaza luego a Padrón, El Padron, donde he visto la silla en que se había sentado Santiago, y otra también sobre una alta montaña donde predicó y donde se edificó una pequeña iglesia. Abajo nace un manantial que Santiago hizo brotar con su bastón.
Viaja seguidamente a Muros, donde encontré un barco refugiado de una gran tempestad, cuyos vientos le iban muy contrarios.
Vuelve a Padrón y continúa hacia Pontevedra, Redondela y Tuy, todas situadas en Galicia, y bajo el dominio del Rey de España, para seguir por Portugal y volver a España en su relato a través de Lepe.

Erich Lassotta de Steblovo perteneció a una antigua y noble familia polaca y pasó cuatro años en el entorno de la península luchando al lado de las tropas de Felipe II, aspirante al trono portugués, contra Portugal; con motivo de esa estancia escribe un curioso diario.
Desde su barco, entra a Galicia por Tuy a principios de 1581. Continúa hasta Pontevedra y alcanza Caldas de Rey (No lejos de aquí se encuentran admirables y sanos baños calientes, anota), sigue por Padrón, que describe con detalle, y llega a Santiago. Igualmente relata con minuciosidad la catedral: tiene dos bóvedas o iglesias, una encima de otra, y arriba, en el interior, una galería, por la cual se puede dar la vuelta a toda la iglesia. A propósito del altar mayor, escribe que En este altar no pueden celebrar sus misas sacerdotes u obispos, sino los cardenales solos, y por esta razón el cabildo siempre se compone de siete cardenales y de un arzobispo, como ya recoge siglos atrás el Calixtino. Igualmente, presta especial atención a las reliquias del templo, que se guardan en la sacristía, en un hermoso y grande armario, enseñándolas cada día a dos peregrinos; relaciona unas cuantas y añade: y otras muchas reliquias que es imposible enumerar. Narra después que los peregrinos se confiesan y comulgan y luego entregan a cada uno una carta o pasaporte impreso en pergamino, con insignias atadas del cardenal superior, por la cual se pagan dos reales; añaden también una pequeña papeleta de confesión, por la cual se paga un cuarto. De igual modo, ubica en la basílica una torre con dos campanas partidas, porque, se dice, al tocarlas se asustaban muchas mujeres embarazadas por el sonido inaudito, y hacían mal parto o abortaban.
A propósito del hospital real, hoy suntuoso Hostal de los Reyes Católicos, escribe: Cerca de la iglesia hay un magnífico hospital, en que los peregrinos, pagando o sin pagar, están cuidados según su clase y calidad.
Tras su visita turística a Compostela, se embarca y guerrea, lo que cuenta con minuciosidad. A primeros de octubre, después de haber luchado casi todo el tiempo con vientos adversos, empezando también a faltarnos las provisiones, y especialmente pan y agua, apercibimos con gran júbilo y alegría el cabo Finis Terræ (o Nerium promontorium) en Galicia por la mañana, y por la tarde cerca Munxia entramos en el puerto, y describe Muxía y Fisterra.

jueves, 3 de noviembre de 2011

Okupa un nicho en el cementerio del fin del mundo


Mi querido Tolico:

Como sabes, en el transcurso del verano de 2008 recorrí la Costa de la Muerte y pegeñé el correspondiente relato, de descarga directa desde esta web. Vuelvo a él, al apartado que dedico al nuevo cementerio de Fisterra y releo:

Dejo Santa María y el cementerio anexo y avanzo en dirección al faro por una buena carretera. El ir y venir de romeros y automóviles es constante: no resulta en vano que Compostela y Fisterra son los dos enclaves gallegos que reciben mayor número de visitantes. Un poco más adelante, me desvío a la izquierda camino del nuevo cementerio. Mientras me acerco, viene a mi memoria lo que Valle pensaba del cierre de los camposantos: ¿para qué levantarlo si los que están dentro ya no pueden salir y los que se hallan fuera  no tienen interés alguno por entrar? César Portela debe de haberlo tomado al pie de la letra porque aquí, mirando al mar, ha plantado estratégicamente una colección de catorce cubos de cemento de doce tumbas que forman este nuevo cementerio, un cementerio atípico, sin valla de cierre, originalísimo, delimitado únicamente por la falda del monte, el mar, el cielo y las sombras y los fantasmas de cada cual. ¿Cómo es posible tanta sencillez y tanta innovación a la vez? ¿Percibirá el fallecido que va a ser enterrado mirando al mar tenebroso? A cambio, seguramente que esa proximidad facilitará la tarea al barquero Caronte. En este cruce de caminos marítimos, ¿dónde está el camino?, ¿quién lo traza?

La triste realidad es que la obra de César Portela ya cumplió diez años, es visitada por curiosos y admiradores de su trabajo llegados de todos los puntos cardinales, pero todavía no ha sido estrenada. ¿La razón? Carece de agua corriente —a pocos metros, toneladas de agua salada—, y de suministro eléctrico. Y tú, Tolico, seguro que no entiendes nada, igual que yo y que tantos miles de peregrinos, especialmente si tomamos en consideración que el faro de Fisterra, el del fin del viejo mundo, visto así por Asier desde las inmediaciones del cementerio



sí dispone de esos servicios.

En medio de este marasmo, en este sinsentido, he aquí que Santiago, un peregrino del centro del país, okupa un nicho y hace del camposanto su reino. ¡Vivir para ver!



sábado, 12 de febrero de 2011

«Mi patria es mi infancia» (Rilke)


Mi querido Tolico:

Las villas de Pobra y Vilanova, Vilanova y Pobra vivieron enzarzadas políticamente y en los medios a propósito de la cuna de Valle. Desde hace unos meses, la mesura de sus respectivos regidores ha vuelto las aguas a su cauce y ambos municipios viven hermanados y comparten y ensalzan a un hombre al que el destino llevó a vivir, a gozar y a penar en enclaves de privilegio como los aludidos.

Sí, ya sé que te encuentras descolocado, Tolico, pero ten un poco de paciencia. Fruto de esa hermandad es la puesta en marcha del servicio de una motonave turística que unirá ambas villas y mostrará a los curiosos los mojones que jalonaron la vida de don Ramón en estos parajes. ¡Enhorabuena a la cordura de los dos alcaldes! Desdibujada pero real, vive en mi memoria la silueta del vapor o motora que desde Puebla cruzaba la ría a diario hasta Villagarcía, con vuelta hacia las dos de la tarde, pilotado por el señor Isaac, el abuelo del actual alcalde de Pobra do Caramiñal. ¡Enhorabuena por la iniciativa!

Y déjame hilar esta iniciativa, Tolico, con el libro cuya portada reproduzco. Vicente García, hijo, me honra haciéndome llegar unos libros a través de Jorge. Acabo de terminar la lectura de En el Olimpo céltico. Los picos del Barbanza. He de reconocer humildemente mi ignorancia en torno a la figura de don Jaime Solá, pero tiene mi total gratitud porque leyéndolo y cerrando los ojos me trasladó a «la más hermosa de las rías gallegas», en palabras de don Santiago Ramón y Cajal. Pero, no sólo a la ría de Arosa, sino también a la Curotiña, a la Curota, a la Costa de la Muerte, al mundo celta («Donde hubo hombres hubo religión»), al marqués de Bradomín y a su autor, a la fonda Vista Alegre y a su dueño, el señor Ferro…

domingo, 2 de enero de 2011

«Desde la Costa de la Muerte», presente en «La Atalaya», de César Lumbreras


Mi querido Tolico:

Como ya conoces, hace unos días he tenido la oportunidad de departir con Ángel María Herrera, fundador de Bubok, en La Atalaya, uno de los programas que César Lumbreras dirige y presenta en la cadena COPE. Resultó una tertulia muy grata y confío en que entretenida para los oyentes. Desde aquí, mi reconocimiento y gratitud a César, a su equipo y a mi manager. ¿Quieres escucharla?





miércoles, 24 de noviembre de 2010

El Xacobeo y la Costa de la Muerte-Costa da Morte

Nosa Señora de Touriñán-Costa da Morte

Nosa Señora de Touriñán. Fotografía de Loli.

Mi querido Tolico:

Éste es un post de gratitud.

Gracias a Jorge por enésima vez; en esta ocasión, por hacerse eco en su blog de la existencia de Desde la Costa de la Muerte y de Al son del mar, y por sus últimos comentarios.

Y gracias también a un amable lector que a raíz de la lectura de Desde la Costa de la Muerte me hace llegar su sorpresa: ha descubierto en el libro que el viejo Camino de Santiago o Camino de las Estrellas no finaliza en Compostela, sino en la Costa de la Muerte o Costa da Morte; en concreto, en Fisterra y Muxía. En efecto: los viejos peregrinos, después de rendir pleitesía al Apóstol y reponer fuerzas, se echaban de nuevo al camino. En Fisterra rezaban al Cristo y se extasiaban con la contemplación del fin del mundo conocido y con el espectáculo del sol ocultándose tras el mar tenebroso; y en Muxía, veneraban a Nosa Señora y admiraban su barca de piedra.

Hoy como ayer, muchos peregrinos jacobeos reviven la tradición y prolongan el viaje a Compostela hasta Fisterra (en la actualidad, el segundo enclave gallego por número de visitantes, tras Compostela precisamente) y Muxía.

Gracias a los dos por el feedback.

lunes, 26 de julio de 2010

De madrugada, en «La Estrella Polar», de COPE, con José Javier Esparza y su equipo


Querido Tolico:

En Desde la Costa de la Muerte, escribo: … al anochecer, la costa gallega enciende un rosario de solitarias y melancólicas estrellas parpadeantes que orientan al marino en ese permanente cruce de caminos que es la mar océana. ¿Premonición? Porque, el pasado jueves día 22, en ese permanente cruce de caminos que es la radio nocturna, Desde la Costa de la Muerte recaló en una estrella singular, en La Estrella Polar, de COPE, programa dirigido por José Javier Esparza. Con él y con su equipo tuve el honor de departir distendidamente unos minutos. Ésta fue la conversación:





Gracias a José Javier Esparza, a Almudena, a Laura, a Pedro, a Nico y a Lola.

jueves, 22 de julio de 2010

«… es imposible detener el tiempo» (Kapuściński)

Benarés. Imagen de Wikimedia.

Gracias a Pato por su continuidad y por su comentario, especialmente cuando se refiere a Londres como ciudad cautivante y ya sin lugar para Jack el destripador.

Mi querido Tolico:

¡Resulta imposible detener el tiempo!, escribe Kapuściński en Viajes con Heródoto. Estoy seguro de que piensas que Kapuściński no descubre la piedra filosofal, pero, por favor, léelo serenamente y reflexiona en torno a su pensamiento. Desde Delhi, Kapuściński se dirige a Benarés y, ¿qué descubre? Mientras los peregrinos del Camino de las Estrellas siguen los pasos del sol hasta observar su desaparición en Fisterra engullido por el mar tenebroso, Kapuściński, en una de las orillas del Ganges, en unas escaleras de piedra, cual fiel testigo, aguarda a que salga el sol, igual que cientos, tal vez miles de ciudadanos indios, a la espera, ¿de qué? Y a propósito del hecho, escribe:

En efecto, todavía era noche cerrada cuando la gente ya había empezado a dirigirse hacia el río. Personas solas. En grupo. Clanes enteros. Auténticas columnas de peregrinos. Tullidos con muletas. Ancianos reducidos a meros esqueletos, llevados a hombros por hombres jóvenes. Otros, sin nadie que les ayudase, exhaustos y hechos un amasijo de carne enferma, se arrastraban a duras penas por un asfalto maltrecho y lleno de agujeros. Junto a las personas caminaban vacas y cabras, así como perros palúdicos, en puros huesos. Al final, también yo me uní a aquel extraño misterio.

Una vez más, Tolico, los extremos se tocan.

domingo, 4 de julio de 2010

«Quizás nunca un hombre haya leído tanto, estudiado tanto, meditado más y escrito más que Leibniz…» (Diderot)


Leibniz. Imagen de Wikipedia.

Mi querido Tolico:

Ciertamente que Internet no tiene fronteras, y, desde Leipzig (a vuela pluma, la de las manifestaciones de los lunes, la de la Reforma, la de Bach, la de Mendelssohn, la de la primera derrota de Napoleón, la de Wagner, la de Nietzsche, la de Leibniz…; confío en poder vistarla personalmente algún día), PBK nos hace llegar su aportación. ¡Cómo no coincidir con PBK! El sistema, entre sus muchas acciones, se ocupa de vaciar de contenido términos queridos y hasta venerados, como libertad, democracia… Supongo que PBK llega a este rincón tras descargar Desde la Costa de la Muerte. Seguramente que es consciente de que finalizo la obra con este párrafo:

¡Querido faro Corrubedo! Heme aquí, apartado, mirándote sin prisa, como atado al mástil de Ulises cuando vivió el embeleso de las sirenas, preguntándome si estoy soñando, si desvarío o si todo es real; vivo la sensación de los viejos peregrinos que, al final del Camino, se sentían turbados y les faltaban las palabras. Heme aquí, en uno de los entornos más hermosos del universo, con la mirada perdida, palpando el alma de Galicia, escrutando este cementerio, anónimo e infinito, pero sabiendo también que, cada amanecer, reaparece el astro rey en el oriente y renace la vida. ¡Hasta siempre, mi querido faro!

Y créame que quiero creer que … cada amanecer, reaparece el astro rey en el oriente y renace la vida…; de lo contrario…

Gracias, PBK; confío en seguir contando con su vista y con sus aportaciones. Saludos atentos desde Madrid.

Además de haberlo hecho privadamente, aprovecho esta entrada tan inhabitual para enviar las gracias públicamente a los medios que se han hecho eco de la existencia —porque Internet es un milagro— de nuestro libro de descarga gratuita Desde la Costa de la Muerte.

domingo, 27 de junio de 2010

«Desde la Costa de la Muerte»: descárgalo gratis


Me es grato poner a disposición de la comunidad de internautas mi libro Desde la Costa de la Muerte de modo gratuito.
¿Te interesará? Te interesará…
  • Si amas la literatura de viajes,
  • Si estás interesado en esta tierra,
  • Si prevés viajar por la Costa de la Muerte, y
  • Si previeras visitar Compostela, porque en él buceo en la costumbre de los viejos peregrinos de continuar el Camino a Fisterra y a Muxía.
La descarga en formato PDF es gratuita. No obstante, cuando lo leas y disfrutes, eres libre de ponerle precio: