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jueves, 15 de julio de 2010

El Londres de Camba, un siglo después

Portobello

Arte callejero en Portobello. Imagen de Asier Ríos.

Mi querido Tolico:

Como sabes, hace unos meses disfruté de Londres en familia. Me dejé acompañar de Londres, volumen que recoge los artículos escritos por Julio Camba desde la capital del Reino Unido hace este año un siglo, y que releí in situ. Al alba, también allí, pergeñé las notas que transcribo:


De visita en la pérfida Albión, releo Londres, recopilación de 82 artículos que Julio Camba escribe en 1910 desde la capital que da título al libro. Fruto del contraste de las observaciones realizadas en las caminatas por esta capital y del texto de Camba, se me suscitan unas reflexiones.

Estima el autor que quien desee penetrar en el alma de Londres no debe conocerlo en verano porque se perderá la niebla densa que hace la ciudad impenetrable y misteriosa, húmeda y fría (...aquí no hay sol y la atmósfera está sustituida por una bruma densa, pegajosa y sucia). ¿Pretende usted machacarnos, don Julio? ¡Pero si no hemos dejado de utilizar el paraguas a ratos, con la excepción de un solo día de siete, en plena segunda quincena de agosto!

Observamos Londres en plena efervescencia. Londres sigue siendo el mito, el baluarte del diseño que marcará el rumbo de los gustos de medio mundo. A ello habría que añadir la responsabilidad de organizar los Juegos Olímpicos de 2012 y comprenderemos la vitalidad de la ciudad, una ciudad que no se concede un respiro ni para tomar aliento. Así, observamos una urbe limpia a pesar de la escasez de papeleras, ni una deposición canina, ni una cabina maltratada, ni un toque de claxon...

¿Cuál es la actitud de la gran urbe con los españoles, presentes en ella a millares en estas fechas? Escribe Camba: ... estoy luchando con Londres. Aquí todo le es hostil al español: el idioma, las comidas, las costumbres [...] la ciudad me puede. La hostilidad que describe el autor sigue viva, aunque hoy sea diferente. El desconocimiento del idioma representa una barrera que exige echar mano de todos los recursos; la comida rápida, universalmente extendida, permite sobrevivir unos días; y respecto de las costumbres, si no se tienen obligaciones sociales, no serán motivo de especial preocupación. Con todo, la ciudad es muy suya y ese permanente Look left / Look right (mira a la izquierda / mira a la derecha) grabado en el asfalto de cada cruce no nos deja vivir.

Y los ingleses, ¿cómo son?, ¿sigue vivo el estereotipo? En distintos artículos, el autor pinta a los ingleses como seres fuertes, colorados, tranquilos, ordenados, disciplinados y fríos. Los genes son los genes y pervive algo de todo esto; sin embargo, no vimos un solo bombín, ni una chistera ni un paraguas-bastón.

Profundicemos un poco más. Camba dedica la primera colaboración a glosar la figura del guardia inglés. Se cruza con el primero en la aduana de Newhaven a su llegada al Reino Unido y, después de dedicarle calificativos respetuosos y halagüeños, dice de los guardias que imponen con su presencia y que imponen el principio de autoridad, para acabar consignando que sostienen sobre sus hombros a toda Inglaterra. ¡El principio de autoridad! Hemos visto a poca policía y siempre patrullando en modernos vehículos BMW; seguramente que la no visible se hallaba controlando las grabaciones de los cientos de cámaras de vídeo situadas en las calles, en los aeropuertos y en las estaciones de metro. No nos cabe duda, sin embargo, de que la policía londinense no dispone de tiempo para aburrirse. En un lugar de tanto movimiento como el que ocupan los famosos almacenes Harrods, en apenas unos minutos, dos vehículos realizaban con toda impunidad un giro de 180 grados, maniobra claramente prohibida. Ya se sabe que el sistema perfecto no existe. Pero las autoridades policiales no se andan por las ramas. A la salida de la estación de metro que da acceso a Portobello, uno de los mercados londinenses más populares, un cartel en varias lenguas alerta a los ciudadanos de la presencia de carteristas. Una campaña publicitaria en las marquesinas de las paradas de autobús recuerda a los ciudadanos que si se emborrachan y cometen desórdenes serán arrestados y multados con 80 libras (unos cien euros). En un precioso paseo a lo largo del Támesis, de trecho en trecho, aparece sujeto a la barandilla un salvavidas; un cartel sensibiliza a la ciudadanía respecto de que aquel artilugio puede salvarle la vida y le advierte de que si lo sustrae será multada con hasta 5.000 libras y/o encarcelamiento. Y en Kensington, un muy importante barrio residencial, un contundente cartel sujeto a un semáforo pretende atemorizar a los amigos de lo ajeno recordándoles que “... la policía opera en esta zona”. ¡El principio de autoridad! ¿Aprenderemos alguna vez?

En otro artículo, nuestro paisano reflexiona en torno a si nuestro porvenir se halla en europeizarnos evolucionando hacia las actitudes inglesas o hacia las alemanas, y concluye: Yo creo que nuestro porvenir de españoles está en hacernos españoles. Pero, ¿qué es ser español? Ortega nos ayudaría a responder. Cien años después continuamos igual de lúcidos.

¿Cuál fue el sentir del maestro hacia la mujer? En varios artículos aplica incisivo y mordaz su acerado bisturí al asunto y se refiere a Londres como el foco del feminismo universal. Como contrapunto, en su artículo La tutela femenina. Un ama de llaves constitucional realiza un encendido elogio de la capacidad de la mujer para administrar y ahorrar, y, como consecuencia, plantea que deberían ser ellas quienes se encargasen de la gobernación del Estado; se declara partidario de una administración exclusivamente femenina en la que permitiría al varón alborotar y mitinear mientras la mujer administra, calma, niega y resiste. ¿Sería tal la capacidad de anticipación de Camba como para prever la existencia de Margaret Tatcher o Ángela Merkel? ¿O, tal vez, pensaría en la cuota?

En El verdadero peligro amarillo. Los mestizos aumentan, don Julio reflexiona en torno al horror inglés respecto del mestizaje en las colonias y no digamos en la metrópoli. Hoy, el mestizaje étnico y cultural es una realidad constatable nada más poner pie en el aeropuerto. En las escuelas de primaria londinenses pueden escucharse ¡más de 180 lenguas diferentes! También en asunto tan delicado, hace casi cien años, Camba volvió a anticiparse y a hacer diana al estimar que, según pase el tiempo, las diferencias esenciales entre los pueblos desaparecerán debido a la inmediatez de las comunicaciones, a la globalización del comercio, a la uniformidad de la comida y al intercambio de meretrices. ¡Y nosotros con estos pelos! Algún día después, y a propósito del esperanto, nuestro autor refiere la actitud de un inglés, un francés, un alemán, un ruso, un chino y un español cuando una mosca cae en sus respectivos vasos de cerveza; como las reacciones fuesen distintas y aun contradictorias, concluye que el sueño de los esperantistas es una quimera porque aunque todos los hombres tengamos un idioma común, las moscas nos inspiran siempre sentimientos distintos. El día que Camba escribió el artículo debió de ser típico y tópico de invierno londinense porque concluye preso de un vago sentimiento de tristeza por carecer de ilusión bastante para creer en el esperanto y en la Humanidad.

Cien años después, ¿cuál sería la visión que de Londres nos trasladaría Julio Camba?

viernes, 8 de agosto de 2008

El vendedor de sonrisas

—¿Se trata de otro personaje que se te ocurrió para el libro de los loquitos, Manoliño?
—Es un personaje, Tolico, pero no de libro, aunque tal vez un poco loco porque pretende vivir de vender su sonrisa.
—¿Es un caradura o nos encontramos tan enfermos que necesitamos pagar para que un desconocido nos dedique una sonrisa?

sábado, 7 de junio de 2008

En el post 150

Releo este fin de semana Pedro Petouto. Travallos e cavilaciós dun mestre subversivo en su tercera edición, un librito nacido de la pluma de Xesús Alonso Montero y editado en 1974 por Akal en su colección Arealonguiña.
Pedro Petouto, a decir de su autor, ha sido identificado con su álter ego, algo así como lo que sucede a Manolilño con Bartolo si se me permite la inmodestia. ¡Qué poca credibilidad!
Y, en la entrada número 150 del blog, unas perlas de ese maestro subversivo, perlas cuya vigencia sometemos al buen juicio de nuestros amigos lectores más de treinta años después de que hayan visto la luz (don Jesús y don Pedro sabrán disculparme que, por respeto a la universalidad de Internet, las reproduzca en español):

“Cuando no nos dejan hablar, es que alguien se va a beneficiar.
[...]
La historia del hombre es la historia de la lucha contra los privilegios.
[...]
Pueblo condenado a la aventura, ¿es pueblo aventurero?
¿Quién se va?: los jóvenes y los trabajadores.
[...]
¿Para qué una cultura que no nos abra los ojos? ¿Para qué una cultura que no libere y que no nos libere? ¿Para qué una revelación que no sea al mismo tiempo rebelión?”

martes, 20 de mayo de 2008

Bartolo necesita vacaciones

—Debo de estar haciéndome viejo, Manoliño.
—¿Por qué lo dices?
—Porque pienso a menudo en las vacaciones.
—Tolico: ¡Cómo me gustaría ser un desconsiderado y devolverte todas las collejas que me propinas cuando me llamas viejo y demás lindezas!
—Ya sabes que es sin intención, Manoliño. Y, para que te convenzas, te invito a que nos aireemos unos días en plena naturaleza, en un entorno idílico a orillas del Danubio… ¿Qué me dices?
—Tal y como lo describes, pinta bien, aunque el Ritz londinense —al que nos referimos hace poco— tampoco sería mala opción.
—Mientras estudiamos el calendario y decidimos fechas, visita la página web del hotel.

domingo, 30 de marzo de 2008

Ahí es nada, don Miguel

Imagen procedente de Caracteres Literarios


Los días de…, las conmemoraciones, los centenarios… presentan el inmenso valor de traer al primer plano de la actualidad y de la conciencia un hecho, una situación, una obra… Cuando pasa el tiempo del evento, el asunto objeto de celebración vuelve al ostracismo. ¿Has oído hablar del Quijote en los últimos 12, 6 ó 3 meses? Pues sigue vivo y fresco, como recién escrito, y es capaz de proporcionarnos motivo para profundas y largas reflexiones, como cuando Cervantes escribe:

“Hoy es el día más hermoso de nuestra vida, querido Sancho; los obstáculos más grandes, nuestras propias indecisiones; nuestro enemigo más fuerte, el miedo al poderoso y a nosotros mismos; la cosa más fácil, equivocarnos; la más destructiva, la mentira y el egoísmo; la peor derrota, el desaliento; los defectos más peligrosos, la soberbia y el rencor; las sensaciones más gratas, la buena conciencia, el esfuerzo para ser mejores sin ser perfectos, y sobre todo, la disposición para hacer el bien y combatir la injusticia donde quiera que esté.”

miércoles, 5 de marzo de 2008

Autogestión o el poder de la unión

—Mi querido Tolico: después de la tormenta, ¿te encuentras, por fin, en fase de calma?
—Te prevengo, Manoliño: si me buscas, vas a encontrarme; de suerte que no pinches.
—Si hacemos un rápido repaso mental al contenido del blog en sus dos meses de existencia, buen número de entradas tienen a sus espaldas un marcado espíritu crítico, pero no se me oculta que tu actitud ante la vida es claramente positiva. Así que, dado que en la prensa encuentro una información digna de elogio, si te parece, podríamos traerla al blog.
—¿Es que todavía no te has enterado de que las buenas noticias no venden? El ser humano necesita morbo, carnaza… para distraer sus cuitas y tener en quien volcar sus sinsabores. Pero, claro, como tú te apropiaste del teclado desde el primer día, mangoneas el blog a tu antojo, hasta que yo me proponga aprender mecanografía. Mientras tanto, adelante.
—En mi niñez, se recibió el eucalipto en la Galicia rural como una auténtica bendición…
—Eso sucedió hace tantos años que, entonces, era rural toda Galicia.
—Y es que el eucalipto, frente a los árboles autóctonos, se desarrolla con rapidez, la rentabilidad manda y los montes su poblaron y repoblaron con esa especie. Pero el tiempo parece mostrar que no es la mejor opción y se ha comenzado a desandar el camino andado eliminando plantaciones de eucalipto y sustituyéndolas por pino, castaño…
—Rectificar es de sabios, Manoliño. ¿Y ya está?
—El monte en que se produjo la repoblación tiene la consideración de comunal; es decir que sus propietarios son los vecinos de la parroquia: ellos lo cuidan, lo mantienen y lo explotan.
—¿Y el individualismo gallego? Ya sé que siempre se dan excepciones.
—Créeme, Bartolo, que estos ciudadanos no son excepción. En Galicia, como en todo el orbe, la unión hace la fuerza y cuando un grupo humano es coordinado por personas capaces y de buena fe, el éxito está garantizado.
—Sigue filosofando, Manoliño, y deja que me entere de lo que en verdad sucedió leyendo la noticia por mí mismo.

jueves, 28 de febrero de 2008

Bartolo envidia a los nacidos el 29 de febrero

—Querido Bartolo: mientras mantengas esa actitud típica de cascarrabias que tú mismo reconoces, te apeo el Mi de Mi querido Bartolo, y espérate que no lo deje únicamente en Bartolo.
—¿Y qué quieres que te responda, Manoliño? Que sigues tonto. Anda, bonito mío, pasemos a la acción.
—Allá vamos, Tolico, aunque intuyo…
—Malo, malo, que tus intuiciones no me gustan nada. Dispara.
—¿Cuál es tu edad, colega?
—No estás tonto, sino rematadamente tonto. ¡Anda ya! Ayer me pregunta por la próstata, hoy por la edad… ¿Qué pretendes? ¿Denigrarme? ¿Sabes por qué no utilizo reloj? Sencillamente, porque el reloj no es capaz de medir el tiempo. Piensa en el significado profundo de lo que acabo de decirte. ¿Es testimonio de autoridad para ti la opinión de Picasso?
—Depende.
—Ya está el gallego en mitad de la escalera. Pues bien, don Pablo estima que es necesario que transcurra mucho tiempo para poder ser joven.
—Me encantan tus contradicciones, Tolico. ¿Cómo valoraba el mucho tiempo el maestro? ¿Cómo lo medía? Piensa en ello y respóndeme cuando tengas respuesta. Por el momento, dime qué día es mañana.
—El alzheimer te está haciendo polvo, colega. ¿Qué quieres saber, el día de la semana o el del mes?
—Ya puestos, ambos.
—Me siento como un bobo, pero voy a seguirte la corriente. Mañana es viernes 29 de febrero de 2008.
—Año bisiesto.
—Efectivamente, Manoliño, un año especial, rarito como tú.
—¿Y te has detenido a reflexionar lo difícil que debe de resultar celebrar su cumpleaños a los nacidos en 29 de febrero?
—¡Guay! Me apunto. De ese modo, sólo cumpliría años cada cuatro; sería como vivir viajando en el tiempo. ¿Entiendes por qué te digo que el reloj no mide?
—Pues bien, Tolico: mi paisano Rudesindo Soutelo cumplirá mañana 56 años o 14, según tu cómputo particular. Lamento no conocerlo personalmente, pero su blog habla de él. Practicarás el gallego cuando leas sus aforismos y cuando disfrutes advirtiendo que no tiene pelos en la lengua y llama pan al pan, y al vino, vino.
—Cuando lo conozcamos, le preguntaré por la escalera.

miércoles, 13 de febrero de 2008

Excentricidades

—Querido Manoliño…
—¿De nuevo, Bartolo? Ya sabes cuánto me molesta que tomes la iniciativa…
—Pero si era para felicitarte, que el título promete.
—A veces, Tolico, vibramos en ondas distintas, porque, ¿en qué pensaste cuando lo leíste?
—No me machaques, colega, que de ti puedo esperar cualquier cosa.
—¡Resultas incorregible, Bartolo! ¡Al grano! Si yo te digo Nicole Kidman, ¿qué respondes?
—Algo que no te va a gustar, Manoliño, que a mí no me la das. Intuyo que el nombre te suena, pero no lo sitúas, y has ido a Wikipedia a informarte. ¡Chincha! Mi felicitación porque hoy me lo estás poniendo en bandeja. ¿Qué le sucede a la Kidman?
—Pínchame lo que quieras, Tolico, que tampoco toca hoy. Pues bien, doña Nicole puede sentirse satisfecha porque un bañador que olvidó en la piscina alcanzó un valor equivalente al de nueve vacas, rumiantes que aliviarán la pobreza de unas familias indias.
—¡Manoliño, no sesgues la noticia!
—¡Déjame que respire, colega! El subastero de la prenda pretende hacer de ella un objeto de museo cuya exhibición le reporte un dinerito que destinará a comprar más vacas.
—Cuéntame lo del matrimonio inglés, que me encanta.
—En síntesis, Bartolo, Jonathan y Jacqueline adquieren los asientos de tren que ocupaban cuando se conocieron recientemente, ya cincuentones.
—¡Ay, Manoliño, las locuras del amor! Permite que yo aporte mi granito. Me sugiere Asier que, vía Alt 1040, acceda a La Tejedora y finalmente al blog de Jane —desaparecido en combate—, que recibió no sé qué cantidad de miles de visitas morbosas en unas horas porque, supuestamente, decidió que se suicidará a 90 días vista y, mientras tanto, deja sus reflexiones al orbe.
—Unos y otros, en el fondo, están llamando la atención.
—Ahí quería yo llegar, Manoliño. ¿Cuál es mi objetivo en el blog? Deja que yo responda, no sea que lo estropees. Mi objetivo es alcanzar el grado de popularidad a que tengo derecho y que, por tanto, me merezco. Así que, ya estás montando alguna excentricidad que difunda mi existencia por todo el mundo. ¡He dicho! Por cierto, a nuestros amigos Anónimo y Viajero les dejo unas palabritas a sus respectivos comentarios, que contigo no puedo contar. Y las lectoras, ¡a ver si intervienen también!

jueves, 7 de febrero de 2008

De artesanos, talento, artistas y genios

—Querido Bartolo: si alguien te lo preguntase, ¿cómo te definirías?
—¡Vaya tontería de pregunta! ¿Crees, acaso, que con preguntas así de simplonas vamos a aumentar el número de lectores?
—¿Vuelves a las andadas?
—Todavía no sé, Manoliño, cómo acepté colaborar contigo. ¡Vaya porvenir que me aguarda! ¿Que cómo me definiría? Como lo que soy: Bartolo, Tolico para los íntimos.
—No consigo hacer carrera de ti, Bartolo. En el discurso de recepción del Premio Cervantes por Delibes, al que nos referimos hace unos días, el maestro alude al “noble oficio de las letras”. Y dos años después, Cela, en igual acto, se refiere a “Este oficio que ejerzo”, además de proclamar su “lealtad a mi oficio”. ¡Oficio! Modestamente se proclaman artesanos.
—Pero, ¡qué artesanos!
—Al oficio le suman el talento y la combinación les transforma en artistas y aun en genios.
—Vaya novedad: Manoliño ha descubierto que Delibes y Cela son dos genios.
—Sigues puntilloso, Tolico. Adonde quiero llegar es a esa patulea de casposos sin más beneficio que protagonizar escándalos, participar en reality show y distraer a un sector del respetable ávido de pan y toros e incapaz de afrontar su propia realidad. Y esa panda de mataos no siente el menor sonrojo al autoproclamarse artistas.
—Y hasta es probable que se lo crean.

miércoles, 6 de febrero de 2008

Bartolo quiere viajar en el tiempo

—Querido Bartolo: Te encuentro especialmente serio, abstraído, taciturno…
—Diría yo que reflexivo, Manoliño. Y es que, si los Beatles ven cumplido su sueño de cruzar el espacio, yo también podría viajar atravesando el universo. ¿Te lo imaginas? Como en Across the Universe (A través del Universo), yo quiero ver “imágenes de luz bailando ante mí como un millón de ojos que me llaman y me llaman a través del universo”.
—Hoy, no te preguntaré si has fumado, Bartolo. Déjame que pierda los modales por una vez y que directamente te califique de cabra loca.
—No te lo tomo en cuenta, colega, que estoy exultante con la idea de conocer qué sucederá con la preciosa canción de los Beatles cuando dentro de 431 años alcance la Estrella Polar.
—No es que estés como una cabra loca, Tolico, ¡estás de psiquiátrico! ¿O es que esperas vivir esos cientos de años?
—¡Ahí quería yo llegar, Manoliño! Ya se sabe que la ignorancia es osada, y tú no podías ser excepción. Atiéndeme bien, señor maestro: ¿Qué sabes de Parménides? ¡Pues al diccionario, que a mí no se me paga por darte clase particular! Parménides, hace 2.500 años, advirtió que el tiempo es una ilusión.
—¿Una ilusión? ¡Una leche!
—¿Tampoco te suena la paradoja de los gemelos? Me esforzaré por descender a tu nivel, Manoliño. Si Einstein no está errado, yo viajaría en el espacio a una velocidad próxima a la de la luz; unos años después, retornaría y me encontraría con un mundo totalmente distinto al que dejé, un mundo del que habrían desaparecido mis coetáneos y los hijos de los hijos de mis coetáneos, un mundo que esperaría mi vuelta con expectación porque yo sería la confirmación de tanta teoría, ¡y hecho un chaval! Y conocería el desenlace de la llegada de Acros the Universe a la Estrella Polar. ¿Alcanzas a imaginártelo?
—Difícilmente, Tolico. Según avanzabas en tu disertación, se afianzaba en mí la idea de que perteneces a ese grupo de seres que basculan entre el síndrome de Peter Pan y el ansia de una vida infinita. ¡Pobre Bartolo! ¡Despierta!

jueves, 31 de enero de 2008

“Sólo los poetas tienen las respuestas”

—Querido Manoliño…
—¿Vuelves a tomar la iniciativa, Tolico? Dime.
—Es evidente que ya no conservas abuela.
—Sabes que no, pero, ¿dónde quieres llegar?
—En la presentación que de nosotros realizas en el blog te defines como curioso de la vida. Modesto, ¿no?
—Vas por la segunda provocación en tres días, y hoy tampoco toca. Pero, continúa.
—¿Te has preguntado alguna vez cómo se hace llegar el hormigón a las plantas de un rascacielos en construcción?
—En verdad que no, Bartolo. ¡Desconozco tal infinidad de cosas….! Y, además, ¡desconozco que desconozco tal inmensidad de ellas…! Chaplin advirtió que "Todos somos aficionados. La vida es tan corta que no da para más". Ahora bien, tu pregunta, malandrín, sabes que aparece recogida en Muy Interesante de este mes, y que el récord se alcanzó en una torre en construcción en los Emiratos Árabes, torre en la que el hormigón fue bombeado a 450 metros, a la planta 125.
—Lo que nos pone en bandeja referirnos al Libro Guinnes de los Récords.
—Si ojeas la edición correspondiente a este año puedes conocer que el gasto militar per cápìta de Israel supera al de EE.UU., que Bin Laden es el terrorista más buscado, que el Reino Unido espía a sus ciudadanos a través de la basura que depositan en los correspondientes contenedores o que Australia dejará de utilizar las bombillas incandescentes de toda la vida en 2009. ¡Curioso y entretenido el Guinness!
—Por cierto, hace años ya que Asier no lo compra.
—Cada momento, Tolico, aparece dominado en el ser humano por unos intereses, pero acerquémonos a su estantería a fin de comprobar cuántos ejemplares contiene: nada menos que seis, de los que cinco lo son en versión original inglesa. ¿Qué esperaría encontrar en el Guinness aquel niño de Educación Primaria?
—Acepta conmigo, Manoliño, que no sabes hacer otra cosa que formular preguntas.
—Disculpa, colega, pero nuestra tutora Lidia nos proyectó recientemente esta cita: “Sólo los poetas tienen las respuestas”. La firma Humberto Maturana. Y uno, para bien o para mal, no alcanzó ni alcanzará jamás el estatus de poeta.

miércoles, 30 de enero de 2008

La Biblia, best seller en China

—Querido Bartolo: me encanta sentirte relajado, que los últimos días…
—Hay ocasiones, Manoliño, en que consigues sacarme de mis casillas. Ahora bien, esta noche descansé relajada y reparadoramente y creo haber recuperado mi correa habitual. Así que, manos a la obra y tema para hoy.
—¡Nos vamos a China, Bartolo!
—¿Cuándo? ¿Cómo? ¿Por cuánto tiempo?
—¡Alto ahí! Quiero decir que vamos a referirnos a China.
—Mi pleitesía a país así de laborioso: la invención del compás revolucionó la navegación; el descubrimiento de la pólvora cambió el modo de guerrear; la seda, la primitiva imprenta…; en lo que se equivocaron fue en la construcción de la muralla, que ya se sabe que resulta inútil poner puertas al campo.
—No te vayas tan atrás, Tolico, y céntrate en los últimos sesenta años. China se proclama oficialmente atea en el año 1949; en 1966 inicia la Revolución Cultural y hasta 1976 quema las Biblias. En este punto, no puedo evitar acordarme de mi maestro don José y del cariño con que atesoraba un ejemplar de Sempre en Galiza, título prohibido en la época y que él había conseguido de estraperlo. Pues bien, después de todos estos años de lucha contra lo espiritual, he aquí que un tercio de los chinos acepta poseer creencias religiosas. Ortega estima que cada quince años se produce un cambio generacional; luego, en sesenta años se sucedieron cuatro generaciones, con lo que cabría preguntarse qué mantiene en el alma china el sentimiento religioso.
—Anda, Manoliño, pon tú la guinda hoy.
—No te reconozco, Tolico, pero, gracias. Finalmente, el sistema decidió imprimir la Biblia y, hace unos días, proclamó la edición del ejemplar cincuenta millones. ¡Vivir para ver!

martes, 29 de enero de 2008

Mascotas virtuales

—Querido Manoliño…
—¡Bartolo, que el escribiente soy yo!
—¿Escribiente? Desagradecido, di mejor.
—¡Qué fuerte! ¿Debo tomarte a broma, prescindir de tu colaboración en el blog, romper contigo o qué sé yo? A ver, ¿por qué soy un desagradecido, según tú?
—Porque, cualquier profesional con la cabeza sobre los hombros no dejaría de aludir a su patrono tal fecha como ayer, máxime cuando te proporciona un día, ¿cómo dices? ¡Ah, sí, un día no lectivo!
—¿Y qué te hace suponer que responderé a tus provocaciones, Tolico? Créeme que valoro la conveniencia de prescindir de ti y continuar con el blog en solitario.
—Atrévete si tienes arrestos y veré cómo te hundes en el ostracismo más atroz.
—Podría comprar una mascota.
—Comprar, comprar. ¡Qué pena! ¿Crees, acaso, que todo en la vida es cuestión de dinero, que todo puede comprarse? Las mascotas prestan servicios inapreciables a niños enfermos y a ancianos; en los demás casos, mayoritariamente, dejan traslucir una necesidad, una carencia en el titular. ¿Cuál es la tuya? ¿Engañar a mis lectores porque te resulto incómodo? Compra una mascota, Manoliño, y, finalmente, el mundo sabrá quién eres de verdad; porque, el trato que el ser humano dispensa a un animal permite vislumbrar la auténtica personalidad de su dueño. ¿Dueño? ¿Dueño de qué? Si me descuido, acabaré utilizando tu lenguaje.
—Gracias, Tolico, por resolverme la entrada del día. Anda, pon la guinda.
—¿Quieres más todavía? Prescinde de mí si ése es tu deseo y adopta un pájaro, un pez, un gato, un perro… o el animal que quieras, pero ¡virtual!

lunes, 21 de enero de 2008

Bartolo quiere ser Gioconda

Mi querido Bartolo:
—Asier nos insiste en que sus compañeros se hallan intrigados respecto de tu escurridiza personalidad. En una palabra, ¡quieren conocerte!
—¿A mí? ¿Yo? ¡Horror! ¡Por favor, ni se te ocurra!
—No entiendo nada, Bartolo.
—¿Cómo vas a entenderme si no estás en mí, si no eres yo?
—Efectivamente, tú eres tú, y yo soy yo, y no comprendo tu reticencia a que publique una fotografía tuya, ¡o nuestra!
—Es evidente que no entiendes nada.
—Pero, ¿qué tengo que entender, Bartolo?
—¡Que el misterio tiene su magnetismo, Manoliño! Yo, en realidad, quiero ser Gioconda.
—¿Quieres ser la Gioconda de Leonardo? Pero, si Gioconda no existe más que una, la del Louvre…
—¡Qué simple eres, colega! ¿Para qué te tengo? ¿Para qué me presto a ser tu musa? ¡Para que rodees de misterio mi ser, para que escribas acerca de mi magnetismo, de mi sonrisa enigmática, para hacerme popular, para que en el futuro de los siglos yo cautive a un gran investigador de nombre sonoro perteneciente a una renombrada universidad extranjera —eso imprime mucha credibilidad a los paletos— que se ocupe de mi persona, que confunda al respetable, que perpetúe mi memoria y que me haga objeto de peregrinación! ¡No hagas nada sin consultarme, que ya se nos irán ocurriendo iniciativas con que poner en marcha el efecto bola de nieve!

sábado, 19 de enero de 2008

La vida sigue igual

Mi querido Tolico:
Cuán deprisa se suceden los días: ¡alcanzamos un nuevo finde y nos corresponde antología! A propósito del octavo mandamiento, el que prohíbe levantar falso testimonio y mentir, Valentín Lamas Carvajal estima que pecan contra él:

“Los diputados que manifiestan en el Congreso que el país progresa y que el Gobierno trabaja para mejorar el ancestral sino de los labriegos; los partidos políticos que aseguran poseer la simpatía de la nación; los que casándose con mujer rica y fea sostienen que lo hicieron enamorados; los que dan palabra de casamiento a todas las muchachas; la mujer de veinte años que en cierta comprometida situación proclama que nunca vivió tal; el abogado que asegura al litigante que no tiene derecho y, luego, resulta lo contrario; el médico que diagnostica al ama de un sacerdote que no tiene cura; el sacristán que pide para las ánimas, y todos los que, a veces, olvidamos la verdad.”

(Catecismo do Labrego, 1889)

viernes, 18 de enero de 2008

18 de enero, Día Feliz

Querido Bartolo:
De mañana, a la entrada del metro, tomé el diario metro —no es un juego de palabras— y mi vista se detuvo en el smiley gigante que ocupa la mayor parte de su portada y en el término ¡Sonría!, mostrado igualmente en grandes caracteres. La milenaria y sabia cultura china recomienda sonreír a quien desee vivir del público. ¡La fuerza de la sonrisa! ¡El poder del optimismo! Y es que, esta cadena de periódicos, presente en 100 ciudades de la aldea global y con una estimación de 21 millones de lectores, pretende imponer el Día Feliz. Necesitamos, Tolico, de iniciativas así, iniciativas que nos despierten del letargo de la rutina del día a día, de las prisas, de las tensiones, de la ansiedad, de los fantasmas, de…
—¡Pobre aldeano Manoliño! ¿Sabrías definir la felicidad? ¡Qué ingenuo una vez más! ¿Dónde olvidaste tu madurez? Sociedad de Naciones, Organización de las Naciones Unidas, Día de los Enamorados, Día de la Madre, Día del Padre… ¿han mejorado en algo la vida del ser humano en el último siglo?

jueves, 17 de enero de 2008

Día de San Antón

Querido Tolico:
Desde que esta mañana al levantarnos nos enteramos a través de la radio de que hoy festejamos a San Antón, tu sensibilidad se acrecentó: te encuentro especialmente contento y comunicativo, más allá de tu habitual buen carácter.
La iglesia del santo vivirá las habituales peregrinaciones de ciudadanos que conducen a sus mascotas (boas, gatos, loros, ovejas, perros…) para recibir su bendición y sus favores.
Me preguntas si me molesta tu sensibilidad. Pero, ¿cómo voy a incomodarme contigo, Bartolo? Sucede que, después de toda una vida en este rompeolas de mar adentro que es Madrid, simplemente, no me habitúo a esta tradición que me transporta a otro tiempo.
No puedo evitar pensar en la imagen que se formarán de nosotros en los rincones de la aldea global cuando la televisión de turno rellene unos instantes de informativo recogiendo el evento.
Eres único, Tolico: ¿Debe importarme?

miércoles, 16 de enero de 2008

Justicia ¿virtual?

Mi querido Tolico:
En una de las primeras entradas diferenciábamos la realidad de la realidad virtual. Pues bien, la vida terminará por hacer equivalentes ambos conceptos.
—¿Estás loco, Manoliño?
—Como tú prefieras, Bartolo, pero convénceme de mi error si eres capaz. Existen en internet juegos que congregan a millones de jugadores.
—¿Millones, colega?
—Millones, Tolico: Second Life, del que hemos oído hablar a Asier, Habbo Hotel, éste con más de siete millones de seguidores, y otros.
—En unos meses, miles de millones de horas tiradas por la borda.
—Ésa, Bartolo, es sólo una de las perspectivas posibles.
—Para mí, ¡no existe otra!
—No seas así de radical y déjame que te cuente. En la realidad virtual de Habbo Hotel, como en nuestra realidad real, todo es objeto de transacción, y cuando a un participante se le va la mano y se apropia de lo que no es suyo, surge el problema, y créeme si te digo que no es de broma.
—¡No te quedes conmigo, colega!
—Que sí, amigo, que la policía judicial holandesa recibió varias denuncias por robo de bienes virtuales, y hasta un adolescente resultó arrestado.
—Pues que les juzguen virtualmente.

viernes, 11 de enero de 2008

La seducción de lo prohibido

Querido Tolico:
—¿De qué pasta estás hecho? ¿De qué madera está tallado el ser humano?
—¿Amaneciste con la metáfora puesta? ¡Céntrate, bonito!
—Tienes razón, Bartolo.
—No obstante, puedo responderte: estáis hechos de boj o tal vez de alcornoque, al menos la cabeza.
—Ahora, te sientes crecido y desbarras.
La humanidad, en general, acepta que una convivencia ordenada exige normas y que las normas imponen límites.
—Y, además, filósofo.
—Hoy, Bartolo, me pregunto —borriquito delante— y te pregunto por el extraño mecanismo que debe ponerse en marcha en el alma del ser humano para que se sienta empujado a transgredir la norma, a verse seducido por lo prohibido.
—Afloja, Manoliño.
—Acabo de cruzarme con una web que recoge cientos de fotografías tomadas en lugares en los que está prohibido realizarlas, desde la Capilla Sixtina hasta el Prado, pasando por el Louvre, Westminster, el Guggenheim neoyorquino…
—Por favor, ¡no sigas! El seducido soy yo. ¡Enlázame!

sábado, 5 de enero de 2008

El azar y la Providencia


Mi querido Tolico:
Leí no hace mucho que un campesino centroeuropeo anota el número de huevos que ponen sus gallinas a diario y, al finalizar la semana, utiliza esos valores para jugar a la lotería primitiva. Como consiguió algún premio, confía en que el método mejore el estado de su economía de subsistencia.
Superada la resaca del sorteo de la lotería de Navidad, un sector de ciudadanos levanta sus ojos al del Niño con ansia, con expectación y con fe. ¿Crees en el azar, Bartolo? Te recuerdo que no eres gallego, de suerte que no te acepto la pregunta.
Cuando yo era niño, existían tres juegos de azar legalmente establecidos: la quiniela, la lotería y el cupón de la ONCE. A lo largo de estos años, el sistema multiplicó la lotería y dio a luz otros, prueba evidente de que cree en el azar, hasta el extremo de incitar a los ciudadanos mediante cuidadas y costosas campañas publicitarias a que malgastemos los pocos recursos de que disponemos (en el juego de la Primitiva, la probabilidad matemática de conseguir el premio gordo es una entre 31 millones). Ya, ya sé que, como consecuencia, el sistema, además de proporcionar empleo a miles de personas, se embolsa pingües beneficios; pero, ¿es lícito, Bartolo? Pregúntate una vez más si el fin justifica los medios. Y no me digas que los juegos de azar, si no existiesen, tendrían que ser creados. ¡No, Tolico! Lo que de verdad necesitamos es una formación más sólida.
Hace casi cien años, mi admirado Camba escribió una serie de crónicas desde el Reino Unido en las que analiza el carácter inglés. En una de ellas observa que "...los ingleses son unos hombres prácticos: confían en su trabajo para vivir y no en la Providencia [...] Y el español comienza a vociferar contra la Providencia, que no se preocupa de él".
Claro que ¡únicamente transcurrió un siglo!