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lunes, 5 de octubre de 2009

A toro pasado

Mi querido Tolico:
Antes de que tú me lo digas, déjame escribir que ya sé que si Madrid fuese seleccionada sede de los Juegos Olímpicos de 2016, la capital y casi toda España estaríamos dando botes de satisfacción porque tal elección supondría una inyección de optimismo en el mustio horizonte nacional. Ya sé también que lo más fácil es pontificar a toro pasado… ¿Sigo justificándome? Pues bien, a toro pasado debo escribir que cualquier madrileño sensato que cerrase los ojos y analizase con objetividad la trayectoria del Comité Olímpico Internacional en lo que se refiere a la elección de sedes olímpicas estimaría posible —siempre existe una remota posibilidad—, pero muy altamente improbable que Madrid se alzase con la designación, pero teníamos que demostrar que somos capaces de romper la sinergia y hacer ver a la aldea global que… Y la realidad nos ha despertado violentamente de nuestro sueño, un sueño que puede habernos costado ya 4.500 millones de pesetas y que, unido a otros sueños, escucho que hace que nuestra deuda municipal sea equivalente a la de Alemania al finalizar la II Guerra Mundial o que multiplique por no sé cuanto la de Barcelona, lo que ya supuso el brutal aumento del Impuesto sobre Bienes Inmuebles (la Contribución urbana de toda la vida) estos últimos años, la resurrección de la tasa por recogida de basuras y conllevará indefectiblemente que «Gallardón recortará ayudas sociales en 2010». Por favor, señores del COI, ¡concédannoslo para 2020!

jueves, 2 de julio de 2009

Dos siglos después…


«Alegoría de la Villa de Madrid», pintura exhibida en el Museo Municipal de Madrid.
Imagen procedente de Cervantes Virtual.

El cuadro conocido como «Alegoría de la Villa de Madrid» es el fruto de un encargo realizado a Goya por el Ayuntamiento capitalino a fin de congraciarse con José I Bonaparte. El pintor retrató al monarca en el medallón.

Cuando se marchó el francés, en mayo de 1812, el cuadro volvió al taller de don Francisco con la petición de que la efigie fuese sustituida por el término «Constitución», en alusión a la Carta Magna recién proclamada en Cádiz.

Vuelto don Pepe Botella a Madrid, la obra recuperó el retrato del Bonaparte.

Tras la expulsión de los invasores en 1813, la pintura exhibió de nuevo el término «Constitución».

Entre tanto, España abraza al Deseado, a Fernando VII, y se determina que sea su imagen la que ilustre la pintura.

Y no terminan aquí sus avatares. El retrato del absolutista fue sustituido por la expresión «Libro de la Constitución», y, años después, por la inscripción «Dos de Mayo», solución neutral con casi siglo y medio de existencia.

Y tú, Tolico, seguramente que te estás preguntando a qué viene el relato de la evolución sufrida por esta obra de arte. A que los seres humanos no tenemos remedio. Como Penélope, no dejamos de tejer y destejer. ¿Qué pensarán de nosotros los ciudadanos de dentro de dos siglos? Porque, nuestros políticos parecen incapaces de ocuparse de los problemas que de verdad nos afectan y se dedican a poner en marcha maniobras de provocación y de distracción.

viernes, 9 de enero de 2009

Madrid, manto blanco



(Fotografía de Loli)

—Esta mañana, Tolico, tú lo has visto, copo a copo, Madrid fue cubriéndose de nieve. Tejados, terrazas, árboles, calles y aceras se dejaron seducir por el blanco manto. Mi vista se detenía de modo especial en los árboles, picudos, sin hojas y rebosantes de algodón igual que almendros en flor. Hoy es día de fiesta para los madrileños: los pequeños disfrutarán de lo lindo en el parque mientras los adultos nos sentimos satisfechos al pensar en el bien que esta agua bendita reporta al entorno.
—¡Qué poético, Manoliño! ¡Qué bonito!
—Disfrutando de este insólito Madrid, no puedo evitar acordarme de Canadá. Este inmenso país posee miles de hectáreas de bosques de pinos y abetos. La cellisca y la nieve cubren las ramas de estos árboles con una espesa capa de hielo, y he aquí que ni uno solo quiebra por el peso acumulado: han aprendido a hacerse flexibles y a cooperar con lo inevitable.
—Si ya sé que Manoliño no da puntada sin hilo.

sábado, 9 de agosto de 2008

Madrid es…

El texto nació de la pluma del Ramón por antonomasia, Gómez de la Serna, el amante de Madrid, y dice:

"Madrid es tener un gabán que abriga mucho y con el que se puede ir tranquilo hasta a los entierros con relente. Madrid es no admitir lo gótico. Madrid es la improvisación y la tenacidad. Madrid es quedarse alegre sin dinero y no saber cómo se pudo comprar lo que se tiene en casa. Madrid es un lugar de pocas palmeras. Madrid es presenciar cómo los churreros hacen los churros como si hiciesen monedas falsas, algo clandestino en la noche, pero legítimo en la mañana."

viernes, 18 de abril de 2008

‘La colmena’, retrato vivo de la posguerra madrileña

Viejo Hospicio madrileño en la calle Fuencarral, hoy Museo MunicipalDespués de negociar con mi dictador la entrada de Global Galicia, el blog colectivo en que participamos periódicamente, encuentro que se me presentan dificultades para enlazar con ella, por lo que la incluyo a continuación.


“No perdamos la perspectiva, yo ya estoy harta de decirlo, es lo único importante”. Así inicia Cela el resultado de los cinco años de trabajo que dedicó a La colmena.

La novela resulta ser un retrato vivo y en movimiento de la mísera sociedad del Madrid de la posguerra, el reflejo de la cotidianidad de la vida, una vida resultado del conglomerado de cientos de vidas que se cruzan, las vidas de unos seres infelices acosados por la pobreza y por el hambre, asfixiados por la urgencia del día a día, cargados de luces y de sombras, incapaces de realizarse como personas, desilusionados, insatisfechos, desamparados, angustiados, resignados, contradictorios, insolidarios, enfermos, víctimas de la inercia, del racionamiento, del estraperlo y del miedo a ser delatados. En fin, unas vidas sin futuro que caminan a salto de mata y a las que, a menudo, la realidad obliga a dejar a un lado compromisos y moralidad.

En el lapso de tres días, don Camilo sitúa el grueso de la acción en el entorno limitado por tres calles céntricas y conocidas, incluso para los no madrileños, como son Fuencarral, San Bernardo y Gran Vía. El devenir de la obra se sitúa en establecimientos que la evolución y el tiempo trasladaron al mundo virtual. Ello no es óbice para que el Madrid de la novela apenas sufriera cambios en la permanente transformación que experimenta la urbe.

Traducida a multitud de idiomas, La colmena es para Cela la “crónica amarga de un tiempo amargo”; para el mundo, un espejo al que asomarse para atisbar el Madrid de aquellos años.


(Imagen del viejo Hospicio madrileño, sito en la calle de Fuencarral, hoy Museo Municipal, procedente del Banco de Imágenes y Sonidos)

martes, 15 de abril de 2008

¿Llegaría tarde Bartolo a su funeral?

—Antes de referirme a este titular tan provocador y que me pone los pelos como escarpias sólo de pensarlo, te propino una soberana colleja aunque sea sólo virtual…
—¿Una colleja a mí? Vaya modo de comenzar la entrada.
No una, sino un ciento, porque descuidas tu obligación como escribiente. Tiene gracia que haya de ser mi amigo Asi quien me haga saber que ya llevo cien post. ¡Gracias, pibe! ¡Mis primeros cien post! ¡Los primeros cien post de Tolico!
—¿De Tolico, dices?
—¿De quién, si no?
—Espera que me asegure, Bartolo, pero en cabecera sigue apareciendo “Manólogos con Bartolo” y no otra cosa.
—¡En la cabecera! ¡En la cabecera! ¡Ay, Manoliño, pero qué cabezón eres! Déjame que te refiera un retazo de auténtica Historia. Hete aquí que María Guerrero necesitó resolver un asunto con Galdós y pidió a una persona de su confianza que se acercase a casa del maestro en su nombre; y helada se quedó la actriz al observar ya de vuelta a la mandadera literalmente desencajada. ¿Sabes por qué? Porque advirtió que no era don Benito quien escribía, sino su secretario. La salud del literato no le permitía ya realizar esa tarea y dictaba su obra. ¿Lo pillas? ¿Quién es el amanuense? ¿Y quién dicta?
—Mi querido Tolico, tienes razón en que no te faltan cualidades para ser mi dictador. ¿Lo pillas?
—Y respecto al título de la entrada, no sé cómo interpretarlo. ¿Tanto te incomodan mis realidades que preferirías verme muerto? Te quedarías sin blog. Y por tu bien, espero que no pasen por tu cabeza ideas asesinas. ¿Llegaría tarde Bartolo a su funeral? Primero, que mi funeral siga esperando. Y segundo, ¿es que no resulta evidente que, como establece la sabiduría popular, Tolico es el niño en el bautizo, la novia en la boda y el muerto en el entierro? ¡Habrase visto! Por cierto, ¿a qué viene esta tontería?
—A que hace unos días, un ciudadano llegó tarde a su propio funeral.

viernes, 11 de abril de 2008

Los otros Daoíz y Velarde

Estimado amigo lector:
Bartolo, en cuanto advirtió que me disponía a preparar una entrada para Global Galicia, como vulgarmente se dice, cogió el cesto de las chufas e hizo mutis por el foro. Luego, vendrá piándolas.
¿Eres tan amable de participar de la entrada de hoy haciendo clic? Gracias.

jueves, 3 de abril de 2008

La Santa Compaña madrileña

Hemos procedido al diario ejercicio de disciplina que supone escribir la entrada habitual, aunque, en ocasiones como ésta, pensando también en Global Galicia. Bartolo le ha dado su conformidad y confía en que seas tan amable de leerla haciendo clic en la frase subrayada. Gracias.

P.D.: No podían faltar unas palabras de gratitud a Lidia. A continuación de su comentario las dejamos.

jueves, 27 de marzo de 2008

Bartolo, celoso

—¿Celoso yo? ¡Harto! Haces lo que te viene en gana y esto tiene que acabarse de una vez.
—Tolico se siente celosete porque se nos suscitó la posibilidad de participar en un blog colectivo de gallegos por el mundo y no hemos resistido la tentación de dar el paso. Ya verás, colega, como lo entiendes. Y, a nuestros amigos habituales, les invitamos a ver la entrada de hoy en El blog colectivo de los gallegos por el mundo. Gracias.

P.D.: Con el post de mañana dedicaremos unas líneas a Óscar y Asi.

domingo, 16 de marzo de 2008

Cela, camino de la Alcarria

—Observando la imagen y leyendo el título, Manoliño, no puedo evitar aceptar que la tierra te puede.
—Querido Bartolo: a unos ochenta metros de la madrileña plaza de Manuel Becerra, en la acera de la derecha en dirección a Goya, a la altura del concesionario de vehículos y en la primera planta, el curioso —¡qué bien se expresa el maestro en tercera persona!— puede deleitarse con la placa que reproducimos. Desde este lugar, don Camilo se dirigió a pie a la estación de Atocha camino de la Alcarria. De ese fragmento de la obra, entresaco estas líneas:

“El viajero, una hora antes de la salida del tren, baja las escaleras de su casa. Antes, se ha ido a despedir de su niño pequeño, que duerme, tumbado boca abajo, como un cachorro, porque tiene calor.
[…]
El viajero, dándole vueltas a la cabeza, va por las tapias del Retiro, llegando a la Puerta de Alcalá. Ve muy claro todo lo que piensa, y un poco confuso, quizá, todo lo que ve. El día fuerza por levantarse, cauto, desconfiado, sobre los cables más altos, sobre las últimas azoteas de la ciudad, mientras los gorriones recién despiertos chillan, en los árboles del parque, como condenados. En el parque también, sobre la yerba, la república de los gatos cimarrones, dos docenas de gatos sin fortuna, sin amo, dos docenas de gatos grises, malditos, sarnosos; de gatos que, sin un sitio al lado de ningún hogar encendido, deambulan en silencio, como aburridos presos sin esperanza o enfermos incurables, dejados de la mano de Dios.”

lunes, 25 de febrero de 2008

Paisaje urbano madrileño

—Mi querido Bartolo: Asier y alguna otra persona se interesan por tu paradero en el fin de semana, como que te imaginan ausente.
—Mis admiradores saben que soy algo cascarrabias, pero no ignoran que, cuando tratamos asuntos serios, la responsabilidad es mi divisa.
—Hoy, está más claro que nunca que no tienes abuela, Tolico…
—Y es verdad: ya no tengo abuela, supongo, soy único y te prevengo para que no te confíes, que el alma y la estrella del blog soy yo. Por cierto, te veo confundido, sin tema decidido para la reflexión de hoy. A ver si nos centramos, Manoliño. Mientras tanto, permíteme que deje constancia de mi pesar, de la pena que me causa el ensañamiento con que el mar se aplica en Galicia estas últimas semanas en particular. El sábado, mientras honrábamos a los marineros de Camelle y a sus familias, un leal servidor público, miembro de la Guardia Civil del mar, fallecía víctima de naufragio cuando participaba en un salvamento que resultó ser una falsa alarma. ¡Lástima! ¿Cuándo descansará la madre sin sueño?
—Gracias, Tolico, por dejar testimonio del hecho, que no quisiera resultar cansino y monotemático ante nuestros lectores.
—Dicho queda, Manoliño. Y ahora, ¿qué?
—Podríamos referirnos al deterioro que experimenta la almendra central de nuestra capital.
—Pero, ¿no habíamos establecido que religión y política son asuntos vetados en los Manólogos?
—Bartolo: no vamos a ensañarnos con los Hunos ni con los Hotros —para emplear el lenguaje de Unamuno—, pero resulta inadmisible el paisaje urbano de la plaza del Carmen, de la calle de la Montera y aledaños, a pocos metros de la Puerta del Sol, con botellón, suciedad, prostitución a gogó y una comisaría en la que hacen guardia cada noche un grupo de inmigrantes necesitados de algún documento administrativo. Ojalá que las cámaras que esta madrugada entraron en servicio palíen espectáculo tan penoso.
—Y Tolico pone la guinda: ¿ande andarán los Hunos y los Hotros?

domingo, 24 de febrero de 2008

Setenta años de “Nanas”

Querido Tolico: A no más de cien metros de la casa en que vivió Celso Emilio Ferreiro, en la calle del Conde de Peñalver esquina a la de Juan Bravo, en un viejo e inmenso edificio de ladrillo vista y techos altísimos habilitado hoy como residencia geriátrica, el curioso puede detenerse ante la placa que reproducimos. En unos meses, las Nanas cumplirán setenta años. Reléelas y caerás en la cuenta de que se comentan solas.
Desde esta esquina de la aldea global, nuestro particular recuerdo a Miguel Hernández, el orgullo de todos los cabreros.

sábado, 23 de febrero de 2008

Otra vez el mar de la Costa de la Muerte

Mi querido Tolico: De nuevo, la “madre sin sueño” golpea como sólo ella sabe hacerlo. Amanecíamos ayer al día a día cuando la radio daba cuenta de la desgracia en Camelle. La eterna maldición se cobró dos vidas esta vez. Y van, ¿cuántas?
Cuando las circunstancias me llevan por la calle de Juan Bravo, a la altura de la del Conde de Peñalver no puedo evitar levantar la cabeza y recordar a Celso Emilio Ferreiro a través de la placa que encabeza esta entrada. ¡Mi admirado paisano! ¡Cuánto hace que no leo palabra alguna en torno a su persona o a su obra! ¿Es posible que resulte así de frágil la memoria del ser humano? Contaba cincuenta años cuando Longa noite de pedra/Larga noche de piedra ve la luz. Permíteme, Tolico, que el poema que da nombre al libro sirva de homenaje a los dos marineros víctimas de la ira incontenida de una naturaleza ebria de locura.

martes, 12 de febrero de 2008

En torno al oficio más viejo

—Querido Bartolo: Hace unos años, fuimos anfitriones de un joven inglés de Bury St Edmunds. ¿Te acuerdas de John? Establecimos con él un calendario que le permitiera divertirse de acuerdo con su edad a la vez que visitaba y conocía Madrid. Resultó obligada la visita al Parque de Atracciones. Al poco de adentrarnos en la Casa de Campo, el espectáculo de meretrices semidesnudas en busca de clientela resultaba penoso y bochornoso. No menos sorprendente nos pareció que el adolescente británico conociera que aquélla era nuestra realidad madrileña y esperaba ansioso el confirmarla.
—¿Y de qué te escandalizas, Manoliño? ¿En qué mundo habitas?
—Leo, con tanta curiosidad como la de John en el recorrido por la Casa de Campo, que el Gobierno británico estudia la conveniencia de aplicar una serie de medidas que limiten la industria del sexo. De ellas, destaco como posibles: tipificar como delito el pago por servicios sexuales, bloquear los números de teléfono de las prostitutas que se anuncien en prensa, y que los periódicos locales publiquen los nombres de los usuarios de tales servicios.
—¿Puedo saber adónde quieres llegar, colega?
—A que las autoridades británicas, conscientes —sin duda— de que no podrán erradicar el oficio más viejo del orbe, intentan atajarlo, mientras que nuestros representantes madrileños —convencidos, también sin duda, de su impotencia para hacerle frente— prefieren utilizarlo como arma arrojadiza de unos contra otros.