miércoles, 5 de octubre de 2011

«Cambiaría toda mi tecnología por una tarde con Sócrates» (Steve Jobs)



Mi querido Tolico:

He de confesar humildemente que mi curiosidad por Steve Jobs deriva de la admiración que le profesa nuestro colega Asier. El señor Jobs, como otros gurús de entre siglos, nos acompañó en comidas y cenas y sigue siendo referencia en multitud de conversaciones familiares. Percibiendo su evolución, cuando leí que abandonaba la responsabilidad de dirigir Apple, tuve la convicción de que su tiempo se halla tasado, y lo lamento.

Su sucesor en la empresa presentó ayer el iPhone 4S y no pude evitar acordarme de Steve Jobs, un soñador, un iluminado…, hasta dicen que un déspota. Veinte años atrás, Laurene, su hoy mujer, «Dijo que sí» a la invitación a cenar formulada por este visionario. Y hoy, ella y los tres hijos en común son el áncora de salvación de este hombre de vida agitada, multimillonario desde los veinticinco años y espejo en que se miran cientos y cientos de seres humanos de la aldea global que aspiran a abandonar el anonimato.

Cierro los ojos, pienso en la evolución física de Steve Jobs en los últimos tiempos, especialmente su extrema delgadez y su rostro huesudo y descarnado, y me pregunto qué sugerencias formulará a sus hijos (20, 16 y 14 años) y a su otra hija.

¡Larga vida, señor Jobs!

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